viernes, 7 de junio de 2019

Si no nos vemos no existimos.


Quiero contar mi historia a través de las siguientes líneas. Esto es algo personal que tiene nada que ver con el contenido que usualmente se comparte en mi blog pero que, sin embargo, forma parte de mí, de mis ideales y mi criterio. Lo comparto con la intención de liberar esta carga para mi y para aquellos que al leerlo puedan sentirse identificados.



Crecí en el seno de una familia tradicional y fui educado en una escuela católica en un grupo exclusivo para varones, desde el prescolar hasta el bachillerato. No voy a alterar la historia, la verdad es que durante esos años jamás me sentí incompleto o fuera de lugar. El ambiente en el colegio era agradable, los profesores atentos y los sacerdotes que se encargaban del área espiritual nos motivaban siempre a dar lo mejor de nosotros.  Mucho de lo que soy actualmente a nivel profesional e intelectual se lo debo a ellos.

Una de las metas del colegio era “formar hombres y mujeres íntegros”. Y, si bien, sus métodos no eran extremistas ni drásticos, las bases de esa formación “íntegra” eran el machismo, la misoginia y la heteronormatividad que se iban metiendo en tu mente de manera sutil.

Viéndolo en retrospectiva me doy cuenta de que era esta persona que se conformaba con lo que tenía y nunca veía más allá. Vivía tranquilo dentro de mi zona segura, hacia todo lo que se esperaba de mí y cumplía con los objetivos que se me planteaban. En pocas palabras era el alumno “ejemplar”, obediente, aplicado y responsable que ellos querían tener. Un caso de éxito para su sistema educativo.

Adicional a las clases y actividades espirituales regulares yo participaba en grupos religiosos que se reunían los fines de semana para leer la biblia, jugar y aprender oficios. La mayoría de las personas que conformaban mis círculos sociales pertenecían a esta comunidad. No tenía amigos fuera del colegio y tampoco sentía que me hicieran falta, podría decir que era feliz con la vida que tenía y viví así hasta los diecisiete años, cuando finalmente me gradué del colegio.

Comencé entonces mi vida laboral y fue esa la primera vez que me encontraría con personas ajenas a mi realidad, fuera de la burbuja. Fue ahí también la primera vez que supe de la existencia de las personas LGBTQ+.

Durante los años de escuela jamás se nos habló de la diversidad sexual, lo cual se podría pensar que es algo bueno ya que algunos grupos religiosos tienden a difamar y atacar a la comunidad, a satanizarla y volverla algo peligroso y prohibido. No, este grupo tenía una estrategia diferente, una estrategia mucho más fuerte: ignorarnos. Al ignorarnos nos volvieron invisibles. Borraron nuestra historia y nuestra lucha. Nos quitaron espacios y libertades, derechos y obligaciones.

En este tiempo nunca tuve contacto con personas del colectivo, por lo menos no directamente. Nunca supe que había otras formas de amar y relacionarse. Nunca supe que podías vivir tu vida más allá del género y la expresión de género que se te habían asignado. Nunca supe que podía cuestionar mi sexualidad o reprimirla y nunca lo hice. Se me enseñó a no hacerlo.

En una ocasión, al asistir a una fiesta con amigos y personas de mi trabajo conocí a Luna (vamos a llamarle así). Luna era un chico que vivía su vida en completa libertad. Llegó a la fiesta con un vestido blanco y zapatos altos, maquillaje y una peluca rubia que contrastaba con su piel morena. Al instante comencé a sufrir un ataque de ansiedad, no comprendía nada de lo que estaba viendo ¿Un hombre vestido de mujer? ¿Quiere ser mujer? ¿Le gustan los hombres? Esa y muchas otras preguntas pasaban por mi cabeza, pero decidí hacer eso que hacemos cuando le tememos a algo: alejarnos. Me mantuve lejos de Luna no solo en la fiesta sino en el sitio donde trabajábamos. La idea de que me vieran hablando con él o incluso cerca de él me asustaba muchísimo ¿Por qué? Aún no lo comprendo.

Con el paso del tiempo me fui acostumbrando a su presencia, pero seguía guardando distancia. Mantenía una relación estricta de cordialidad y compañerismo, pero nunca de amistad. Evitaba las fiestas o lugares donde sabía que él estaría y así mismo con Denisse, una chica a la que le gustaban las chicas, o con Daniel, un chico al que le gustaban las chicas y los chicos.

Me causaba un conflicto enorme saber que estas personas vivían sus vidas de esta manera, era algo completamente nuevo para mí. Fuera de mi comprensión.

Me volví esta persona que “toleraba” estas diferencias, pero no estaba de acuerdo con ellas. Poco a poco me fui haciendo amigo de más personas LGBTQ+ pero me mantenía al margen. Pensaba que podíamos ser amigos siempre y cuando no me involucraran en su estilo de vida. No estoy seguro de haber hecho daño a alguien con mis comentarios o actitudes; Si lo hice sepan que no era mi intención, simplemente no sabía como reaccionar.

Me tomó varios años aceptar esta realidad y comenzar a formar parte de ella, sin embargo, seguía identificándome como Heterosexual. Tenía relaciones sentimentales y sexuales con chicas, incluso, puedo asegurar que llegué a sentir amor en más de una ocasión.

Comencé entonces a explorar otras opciones ya que cada vez era más evidente mi atracción por los chicos. Pensaba que tal vez era algo que nos pasaba a todos, pero no nos atrevíamos a aceptar. Que era una de estas cosas que se hacen en privado y se mantienen en privado. Pensaba que podría ser una fase o que era algo sin importancia, algo pasajero. Que no pasaba nada si no lo expresaba. Que tal vez tenía que aceptarlo conmigo mismo pero que no era necesario comunicárselo a los demás. Pensaba que podía vivir tranquilamente con esta doble vida sin meterme en problemas. Pensaba, pensaba, y pensaba hasta que me decidí a actuar. Finalmente lo acepté, lo hice parte de mí, de mi vida y de mi realidad.

Dedicaba varias horas de mi día a la lectura y búsqueda de información, de historias y testimonios de personas que como yo estuvieran pasando por esto. Tuve que aprender por mi cuenta lo que en un principio se me ocultó y me tocó recorrer a solas caminos que hubiera sido más fácil recorrer estando acompañado.

Actualmente sigo leyendo, sigo aprendiendo, sigo escuchando. Ahora sé que hay todo un mundo de posibilidades, formas y colores allá afuera que tengo que explorar. En el pasado se me negó el acceso a esta parte de mi ser, la desaparecieron; Hoy estoy seguro de que la tengo, la llevo con orgullo, la comparto y la defiendo.



Escribo estas líneas como parte de la dinámica “junio diverso” con la cual se pretende dar visibilidad a nuestras historias, levantar nuestras voces y hacernos escuchar.

En cuanto supe de esta actividad decidí participar de inmediato porque ahora sé lo importante que es la visibilidad. Ahora sé que nadie debería pasar por esto a solas. Que nuestras historias valen y que si no las contamos no existen, se pierden.  

Es indispensable, amigo LGBTQ+ que te hagas visible (cuando te sientas seguro), que seas visto por aquellos que todavía tienen dudas, que le temen a su verdad. Es importante que sepan, a través de ti, que tienen más opciones, que está bien tener miedo y sentirse frágil pero que no deben quedarse ahí. Que está bien ser quien eres, quererte como eres y compartirlo con los demás.

Recuerda que puedes compartir tu historia o tus reflexiones sobre la comunidad LGBTQ+ en redes sociales usando los #JunioDiverso y #SiNoNosVemosNoExistimos o bien contactarnos a través de los medios de contacto del blog para que puedas unirte a la iniciativa. 






martes, 24 de julio de 2018

Escoria (Reseña).


Título: Escoria.
Título original: Filth.
Autor: Irvine Welsh
Editorial: Anagrama.



El sargento Bruce Robertson no es precisamente un policía modélico. Es un tipo corrupto, misántropo, violento, machista, homófobo y racista. Es un consumidor compulsivo de pornografía, servicios de prostitutas, fast food de lo más grasiento, alcohol y cocaína. Y además se dedica a lanzar rumores malévolos sobre sus compañeros de cuerpo; practica con una de sus amantes peligrosos juegos eróticos que incluyen la asfixia y es capaz de inducir a una menor a la que ha pillado con éxtasis a que le haga una felación.

Debido a sus excesos, a Robertson le ha aparecido un imponente sarpullido que invade sus genitales y se extiende sin control, y un incordiante parásito en el intestino que acaba convirtiéndose en la voz de su conciencia. Y mientras su vida se desmorona a pasos agigantados –su esposa ha abandonado el domicilio conyugal con su hijo-, el sargento tiene que investigar el asesinato del hijo de un diplomático africano...


Fiel a su habitual contundencia, Welsh nos presenta en esta novela el hundimiento físico y moral de un policía corrupto. Un viaje a lo más abyecto, en el que se mezclan la visceralidad, la violencia y el humor negro: no defraudará a quienes disfrutaron con Trainspotting.



Vamos a definir a Escoria como una novela complicada, no solo por la cantidad de situaciones políticamente incorrectas que se describen en sus páginas, sino por los elementos que la componen, sus protagonistas, el entorno político y social en el que se desarrolla su historia, las situaciones familiares que se presentan en ella, abuso de drogas, sexo y otras sustancias y corrupción. Pareciera que el autor decidió tomar lo peor de la raza humana y ponerlo todo junto en una misma obra teniendo como resultado una novela impecable, entretenida, polémica, emotiva pero sobre todo reflexiva. 

Pero ¿Cómo hace el autor para que la recepción de su obra siga siendo cálida y objetiva en tiempos como estos, en los que cualquier situación ofensiva puede ser denunciada fácilmente? La respuesta, por lo menos para mí, es: Narrativa y construcción.

Vamos por partes, la narrativa de la obra se da en tercera persona por un narrador omnisciente que nos da acceso total a las situaciones, emociones, pensamientos y reflexiones de nuestro protagonista, el sargento Bruce.  En su mayor parte la narrativa sigue un orden cronológico que nos presenta una problemática y la desarrolla poco a poco. Para que ésta se pueda concretar se hace valer de diferentes perspectivas y personajes que aportan detalles adicionales a la obra y le dan un enfoque más completo.

Podemos dividir la obra en dos partes generales, la primera es lenta, con descripciones detalladas y situaciones específicas que parecieran no llevarnos a ningún sitio. Sin embargo, esta primera parte sirve para dar a conocer el entorno laboral y social actual de nuestro protagonista, la forma en la que se relaciona con los demás,  el cómo reacciona ante diferentes situaciones, incluso las frases, los tics y las manías que presenta. La lectura de esta primera parte puede costar un poco de trabajo ya que la trama principal se va quedando estancada y las subtramas se van resolviendo conforme aparecen. El sargento Bruce, como ya lo dijimos anteriormente, es el ejemplo de todo lo negativo que se puede tener en una persona, su actitud es repelente y cuesta mucho trabajo como lector poder relacionarse o identificarse con él.

Es en la segunda parte de la novela cuando comienzan a cambiar un poco las cosas. Gradualmente se nos va introduciendo a un narrador bastante peculiar que nos comienza a dar detalles muy puntuales de el pasado de nuestro protagonista, detalles que no conocíamos y que de ninguna manera se podrían anticipar. Con la llegada de este narrador especial comenzamos a ver también el declive, o la ruptura emocional y física de Bruce. Las cosas se complican cada vez más para él y las emociones que ha guardado durante mucho tiempo salen a flote. El ritmo y desarrollo del conflicto principal es un poco más ágil en esta segunda parte, las piezas se mueven cada vez más y estamos cerca de conocer el desenlace de la historia. 

Podemos ver entonces que la narrativa es perfecta en esta obra, es lenta y vasta o ágil y directa cuando se requiere. He dividido anteriormente la obra en dos partes y he mencionando las diferencias que se encuentran en cada una de ellas, sin embargo, la transición entre una y otra es sutil y gradual. No hay una manera exacta de dividir estas dos partes ya que el cambio se va dando de a poco, es mejor dicho, sobresaliente la manera en la que se nos va envolviendo en la obra y como tu criterio como lector va creciendo y cambiando con ella.

El segundo elemento que, desde mi perspectiva, permite que Escoria sea una excelente novela es la construcción de la historia y de sus personajes. Tomemos como referencia a Bruce, el protagonista, ya hablamos como en la primera parte de la novela se nos pinta como el tipo de persona con la que a nadie le gustaría relacionarse en el ámbito personal ni profesional, sus acciones y reacciones pueden llegar a ser muy incomodas e irritantes para el lector y puede no haber un vínculo entre uno y el otro. Sin embargo, es muy destacable la firmeza y la fidelidad con la que se nos presenta en todo momento, aunque sus decisiones no sean las mejores y su manera de relacionarse deje mucho que desear está siendo cien por ciento el mismo, está siendo fiel a sus principios, bueno o malos pero suyos. Esta autenticidad nos dice mucho del trabajo de construcción de personaje que hay detrás, de cómo el autor conoce tanto a su personaje, sabe de dónde viene y a donde va y se mantiene fiel a su esencia, a su realidad.

Esto comienza a cambiar durante el desarrollo de la historia y es que el personaje tiene una profundidad inmensa, hay un montón de cosas que se esconden detrás de la fachada de tipo rudo que se nos ha mostrado y poco a poco comenzamos a ver vulnerabilidad, que es la clave de la conexión entre personajes ficticios y lectores. Bruce llega a un punto de quiebre en el que no hay vuelta atrás, ha tomado malas decisiones, se ha dejado llevar por un juego de inmoralidad, mentiras y manipulaciones que tarde o temprano comienzan a jugar en su contra y no lo puede evitar. Las capas que lo protegen se van cayendo una tras otra y con cada una de ellas se muestra una versión distinta de él mismo. En este punto la imagen que teníamos de Bruce ya no es la misma, por supuesto, su historia y las cosas tan complejas por las que ha pasado no justifican sus acciones pero si nos dan perspectiva y nos permiten sentir empatía y conexión con él, nos hace saber que después de todo es un ser humano atormentado y que no ha encontrado la mejor manera para sacar toda esa frustración y dolor acumulado.

Nos vamos acercando al final de la novela y no hay muchas opciones para Bruce, sus metas han sido frustradas en todos los aspectos y desde su manera de entender el mundo no hay un futuro próximo que valga que la pena. Es curioso que cuando se habla de desarrollo nos vamos siempre por el lado positivo, sobre todo cuando leemos este tipo de finales podemos pensar que el personaje no tuvo un desarrollo como tal. A mi me gusta creer que sí,  que se vio un cambio del Bruce que vimos al inicio comparado con el Bruce que vemos al final. No es la misma persona, atravesó por un viaje complicado y tomó decisiones que tal vez al inicio no hubiera pensado jamás. Probablemente no es el tipo de cambio o crecimiento que estamos acostumbrados a leer pero está ahí, es real y es autentico, es suyo, es Bruce hasta la última palabra de la novela.

Para quienes son lectores asiduos del blog o me conocen y hemos intercambiado palabras sabrán que este tipo de historias me llaman mucho la atención por todo el contenido psicológico y social que hay de por medio. Este debate eterno entre el bien y el mal y el debate todavía más complejo de quien decide lo que está bien y lo que está mal. Hay mucho de esto en Escoria y es uno de estos libros que me dejan con más preguntas que respuestas y esa es una de las medidas que, personalmente, tomo en cuenta para saber si un libro es bueno o no.

Escoria es la ejemplificación de las personas que no encajan,  de los que no forman parte de la norma, de las personas que no pueden avanzar, de los que no se rinden aun sabiendo que el camino que recorren no los lleva a ninguna parte. Escoria es la representación de aquellos que nos negamos a representar, a los que les dijimos no muchas veces, a los que nadie toma como ejemplo, con los que nadie quiere estar.

Escoria es uno de mis libros favoritos en lo que va del año y si todo este discurso, probablemente repetitivo y cansado, que acabas de leer no te ha causado un poco de intriga y curiosidad por la obra entonces probablemente no sea el libro indicado para ti.




Esto es todo por ahora, si ya leíste la obra puedes dejar un comentario con tus opiniones o puedes buscarme en mis redes sociales para intercambiarlas.

Gracias por leer y compartir.

martes, 30 de enero de 2018

My favorite things: Enero.





Este ha sido un mes complicado. Comencé a leer un par de libros pero no pude terminarlos, he estado pasando por una serie de cambios y reflexiones que han mantenido mi mente saturada. Este mes no hubo libro favorito para mí pero me gustaría leer cuál fue el suyo así quienes entren al blog y lean esta entrada puedan llevarse alguna recomendación de todos modos. 




The shape of water es una película de romance clásico con elementos góticos y de fantasía que forman en conjunto una obra hermosa en todos sus sentidos. El tema principal de esta obra es, evidentemente, el amor. Sin embargo, es importante hablar de “Inclusión”. Del Toro formó un equipo de inadaptados y marginados para contar su historia, tenemos a una criatura incomprendida, a una mujer muda, a un homosexual y a una afroamericana en el equipo de los buenos y al dictador poderoso, al sistema y al odio del lado de los malos. Obviamente este film funciona también como una alusión política, una crítica social que pone en evidencia la falta de tolerancia y respeto hacía “los otros”, los diferentes, los desprotegidos.

The shape of water es dirigida por Guillermo del Toro y protagonizada por Sally Hawkins, Doug Jones, Michael Shannon y Octavia Spencer. Actualmente sigue en cartelera y compite en 13 categorías en la edición 90 de los premios de la Academia (Oscar). 





The end of the f***ing world es la nueva apuesta juvenil de Netflix. Tiene como protagonistas a James, un adolescente atormentado por el pasado que se define a si mismo como psicópata y Alyssa una joven problemática que busca su lugar en el mundo de la manera equivocada.

La serie es una comedia de humor negro que toma los problemas frecuentes de los adolescentes y los maximiza teniendo como resultado una historia cruda, violenta y bastante entretenida.

Con solo ocho capítulos de corta duración, una banda sonora exquisita y actuaciones prometedoras, The end of the f***ing world se convierte en un éxito más para la plataforma. 






Residente (René Pérez, vocalista de Calle 13) presenta su documental homónimo en el cual nos muestra el recorrido turístico, cultural y artístico que siguió para la creación de su primer álbum como solista “Residente”.

Tras recurrir a una prueba de ADN, René descubrió que sus raíces no son del todo latinas, que lleva en su sangre pequeñas partes de todo el mundo y decide visitarlas, conocer las costumbres, las tradiciones, los mitos y las historias de cada uno de estos lugares y traducirlos a música contemporánea que, sin embargo, haga una diferencia y represente un mensaje de unión, de esperanza y lucha.

Los ideales políticos de Residente han sido siempre claros, su lucha por un mundo inclusivo, pacifico y transparente son los temas principales de este documental y de su álbum en general el cual resultó ganador del premio Grammy en la categoría Best latin rock, urban or alternative album. 





Este mes Jack White regresó a la escena músical con un par de singles siendo Connected by love mi favorito.

Connected by love es el lamento de un alma en desgracia, consumida por la soledad y el miedo al olvido, en ella reconoce sus errores, sus debilidades y sus miedos y los convierte en suplicas, en gritos de ayuda. Un tema bastante triste pero esperanzador.

Como plus, las guitarras de Jack nunca decepcionan y en Connected by love nos regala un solo impresionante, les dejo acá el vídeo:








Estas son mis recomendaciones del mes de Enero, espero puedan dejar en comentarios las suyas o bien me cuenten si ya han visto, leído o escuchado algunas de ellas y podamos debatir al respecto. 



¡Los leo pronto!